miércoles, 11 de marzo de 2015

Nala





Nala comenzó a ejercer como criadora a los dieciocho años, sustituyendo a Kira en su labor. Los sementales y las madres, cuando terminaban sus años de servicio eran premiados con una vida tranquila y sin preocupaciones en los centros de descanso. Grandes complejos al lado del  mar con todo tipo de comodidades, en los que no tenían que preocuparse más que por disfrutar de largos paseos por la playa y de asistir, si lo deseaban, a las actividades de entretenimiento programadas para sus habitantes.


Cuando llegó el momento de la despedida tuvo que hacer enormes esfuerzos por no llorar, las demostraciones de afecto no estaban bien vistas por el régimen, suponían una señal de debilidad que no estaban dispuestos a consentir. Así que se limitó a decir adiós con la mano viendo a aquella mujer que la había parido y cuidado de ella, y de sus hermanos, durante todos aquellos años.